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Octubre 2016

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Funeral Blues o 1:55 de Anywhere I Lay My Head de Tom Waits

Tenía 101 años, el viejo Shenandoah, cuando murió al lado de su guitarra, Tootie Ma’.  A petición del ayuntamiento, por su innegable aporte cultural, la Walzin’ Matilda Blues Band debía construir el carro fúnebre que lo llevaría de regreso al mar. El Duque, Carmichael, Charles, Chuck, Lalo y yo nos pudimos a trabajar. Fuimos a tiendas de antigüedades, basureros y una chatarrera para adornar el pickup del viejo.

Las llantas a medio inflar imitaban el zapatear de las lloronas, el motor rugía como una olla burbujeante, las puertas temblaban, la cabina se sacudía, parecía a punto de caer; con cada acelerón los pistones y engranajes tronaban como una gaita, como un barco fantasma. La bocina rugía con encanto gutural. El Duque, piloto designado y vocalista, gritaba mientras dirigía el carro. Mientras, nosotros en la palangana, vestidos en harapos –como se acostumbra en estos encuentros especiales – tocábamos las favoritas del viejo. Casi no cabía la pianola.

La gente salía de sus calles a entonar con nosotros.


Redacción: Alejandro García
Fotografía: Markos
Ilustración: Guayo Bass
Animación:  Alberto Chang

 

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